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Vicente Maroto

Jubilado. Si el zapping se considerara una profesión, esa sería la suya. Solo se mueve de la cama al sofá y del sofá a la cama, o bien para ir al bar y no andando precisamente, solo estando de pie hasta llegar al bar y tomarse una larga caña.

A sus 65 años, Vicente se ve obligado a asumir la mayor responsabilidad de su vida: la presidencia de Montepinar 7, cargo al que llega tras la celebración de un sorteo y que acepta cuando su hijo Javi se ofrece a costearle el fútbol de la televisión de pago. En su mandato presidencial le acompaña Fermín, su asesor personal y mano derecha, que le anima a poner en marcha catastróficas iniciativas.

La alta morosidad, los continuos enfrentamientos entre los vecinos y los pésimos consejos de Fermín provocan las airadas quejas de los residentes de Mirador de Montepinar, hecho que lleva a Vicente a pedir ayuda a Enrique, su predecesor, que no puede desentenderse de la nefasta gestión de la cúpula presidencial debido a su innato sentido de la responsabilidad.

Con una mujer como Goya, no es raro que a Vicente se le quitasen las ganas de trabajar, divertirse, y en resumen, de vivir. Es enemigo público del ejercicio y de cualquier tipo de esfuerzo, salvo el de apretar el mando de la televisión, lo único en lo que destaca.

Se ha quedado viudo y pasa la mayor parte del tiempo con los Leones, pero eso tampoco le quita las ganas de suicidarse. Quitarse la vida es tan cansado, que ve mejor dejarlo para ‘mañana’… Se ha dado cuenta de que recuperar su vida sexual no es lo que necesitaba, aunque como suicidarse es lo que quería y por ello casi lo consigue, se puede decir que sí le interesa, pero vivir, ahora vivir. Es nombrado presidente de la comunidad, con su consuegro y nuevo compañero de piso, Fermín como vicepresidente.

Eh… ¿Ya ha acabado la junta?

¡Quiero viviiiir!

¡Ay, Gregoriaaa!

Qué pereza…

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